Cosas de la vida de esas que nadie comprende por qué pasan,
ni cuándo pasan, ni qué es lo que debe hacer uno cuando pasan. Son esas
sorpresas que ni por buenas ni por malas simplemente te hacen caer de pronto en
otra realidad. Una realidad que de pronto es como un cuarto oscuro, en el que
solo puedes ver algunos detalles, pero no es oscuro, aunque así se sienta. Es
un cuarto nuevo, que por desconocido aterra. Aterra y entonces quieres de
pronto que alguien te tome de la mano y te enseñe el camino.
Pero es que esa persona no llega. No llega, y la mano suelta
es como que doliera. Si duele la mano, duelen los ojos, duele ver tanta
oscuridad. ¿Pero es oscuridad, o es simplemente una nueva realidad? ¿es
oscuridad o es que el miedo no nos permite abrir los ojos?
¿Qué pasa si nos damos cuenta un día, que no necesitamos que
nos agarren la mano ni luz adicional porque la del sol a veces hasta nos
encandila? ¿qué pasa si el azul es más intenso, y los verdes más vivaces? ¿qué
pasa entonces cuando descubrimos que no es oscuridad ni soledad, cuando nos
damos cuenta de que es miedo… miedo a ver, miedo a no estar atado a algo o a
alguien, miedo a no ser más lo que se era; absurdo y triste miedo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario